
La he recibido por correo de un amigo. Me ha encantado:
"En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer. De aquí a algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para qué sirven"

Ya los trajimos por aquí en el verano de 2009. Van a editar su nuevo trabajo y ya han colgado un primer adelanto. Unos chicos que caen en gracia fácilmente o, al menos, no molestan




Decrecimiento - Carlos Taibo from ATTAC.TV on Vimeo.


Un “cover” o una versión es, sobre todo, un homenaje. Parte de una admiración hacia la chispa genial del original y termina en un respeto por la esencia de esa obra. Quizás sea también una manifestación de falta de originalidad, o una pulsión egocéntrica de algún artista por dejar su huella sobre la base de un clásico, pero nos quedamos con la primera intención.
Caso aparte son los AMIGOS DE que reciben el encargo de su discográfica para que perpetren versiones de otra figura de la compañía. Aquí se establecen unos abrazos artísticos de buen rollo y una pasta a repartir. Si hay un poco de cariño, sale alguna cosilla decente. Si, como ocurre en el último engendro alrededor de David Bowie, sólo hay pelillas por medio, que San Apapurcio nos libre del dolor y de los sarpullidos.
Y, finalmente, está el TRIBUTO, grupos que imitan hasta los pelillos del trasero de sus artistas favoritos y pagarán el colegio de los niños con el cariño que les profesan. Yo he pasado momentos estupendos con clones de Blues Brothers, AC/DC, Queen o U2. Todo mis respetos a quien se gana la vida así.
Me gustan mucho las versiones. Sobre todo las que van un poquito más allá (sin pasarse de rosca) del original. Un pequeño arreglo o el añadido (y en especial, la resta) de algún instrumento pueden ser muy interesantes. No comulgo tanto con los “remixes” o las estilizaciones. Me rechinan las versiones funkies, bachateras o sandungueras de cualquier tema, pero me imagino que si el artista o sus herederos lo han aceptado (supongo que más por una legítima excusa alimenticia que por la artística), sus razones tendrán.
Pero si no hay artista, ni posibilidad de homenaje (y sólo queda como resultado un nauseabundo mirarse la pelusillas del ombligo) nos encontramos con la ABERRACIÓN. Cuando se destroza una obra con un martillo, un spray o una voz cazallera reclamo siempre una justicia más cercana a la sharia que al sentido común. Se me dispara la imaginación cuando pienso lo que haría con estos “homenajeadores”.
Si tenéis los higadillos necesarios, entrad en este vídeo. Os advierto que puede herir vuestras susceptibilidades. Sé de alguno de vosotros que no aguantará más de 30 segundos. Estáis advertidos.
Ahora entiendo cómo hemos llegado a la situación artística actual. Los derechos de los autores y la industria audiovisual del siglo XXI están en manos de gente así.
Reflexiones que se me ocurren, a bote pronto: