
Lo que se puede aprender de una simple avería en el coche:
- Antes se decía que todos éramos médicos o abogados porque, ante un problema físico o jurídico, cada uno daba su diagnóstico o solución. Sin el más mínimo pudor. Bueno, pues a esto hay que añadir que todos somos mecánicos. Si se produce una avería en tu coche habrá tantas causas como personas consultadas. Y nadie acertará, y aquí incluyo al que cobra como mecánico profesional (esos sí, una vez identificada la avería, con todos sus santísimos, te espetará :"¡Ya ves, lo que yo te dije!"). Los demás, aunque ignoren donde queda la bomba de inyección o como funciona la distribución, opinarán con valentía y arrojo ya que si fallan no pasa nada y además es gratis. Curiosamente, algunos de estos buenos opinantes, ni conducen.
- La desgracia de uno es la alegría para muchos. Mecánicos, buscadores de repuestos, comerciales, tasadores y toda una pléyade de nuevos amigos se frotarán las manos y afilarán sus colmillos. Tú eres la víctima que, por ser ignorante e incauta, no tiene ningún derecho a protestar.
- A nadie le importa un pito tu problema. Te ven llegar con muletas, con hijos a los que hay que llevar al colegio y a las extraescolares, con que tu mujer necesita el coche para ir a trabajar, con citas pendientes en el Hospital: el coche "de cortesía" siempre lo tiene otro, o lo devuelven roto o se lo acaban de llevar. Para ti, una p... como una olla. Aunque pagues a 60 Euros la hora.
- La solución para tu avería siempre es la más cara si quieres rapidez y eficiencia. Para cualquier otra alternativa más asequible (e incluso razonable), hay que esperar bien apoyadito en las muletas y ya veremos.
- España no puede funcionar bien. Es imposible. Existe en nuestras entrañas un impulso irrefrenable por conseguir el beneficio y la satisfacción inmediatos. El medio y el largo plazo son una quimera. Nuestros padres siempre nos comentaban que había que perder 4 para ganar 5 más adelante. Ya no. El único que pierde es el cliente. La cartera del incauto tiene que adelgazar desde el momento que cruzas la puerta. La fidelización del cliente es una falacia. Hay que chuparle las entrañas y desecarlo. El negocio ya no se entiende como una carrera de fondo, sino como una repetición frenética de "sprints". Y así no se puede progresar.
- Hay quien no entiende que las redes sociales no son sólo Twitter o Facebook, sino algo mucho más viejo y sencillo. Si alguien sale echando pestes de un establecimiento quizás tenga conocidos, familiares, amigos y hasta un puñetero blog.
- Al final, la amistad y la familia son las únicas que solucionan tus problemas. Cuidad con mucho cariño a las vuestras porque, fuera de ellas, sólo hay un desierto (y más trampas que en una película de chinos).