
Como sería muy largo explicar por qué no he acudido a la cita con este blog durante los últimos meses, mejor corremos un tupido velo y tiramos para adelante con él. No obstante en próximas entradas (que las habrá) iré desgranando cosillas y “sucedidos” del pasado reciente.
No he podido evitarlo: los acontecimientos de estos días no podían quedarse sin un comentario. Yo, la verdad, es que me sentía un poco marginal o raro. En mi mesilla tengo, ya leídos, el famoso Indígnate, el para mí imprescindible ¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada?”, de Juan José Torres y el Ensayo sobre la lucidez, de Saramago. Me he metido entre pecho y espalda las conferencias de Arcadi Oliveres y otros avanzados de ATTAC y he alucinado con el oscarizado Inside Job. Y me he quitado el cráneo con D. José Luis Sampedro. En definitiva, tenía todo el arsenal para convertirme en un revolucionario de boina calada y puro en ristre. Pero, como decía arriba, me sentía más solo que la una. Si intentaba hablar con alguien de mi entorno sobre ese sentimiento de cabreo que me poseía, la conversación se cerraba en ese fatalista ”¿pero qué le vas a hacer?…”.
Y mira por donde me encuentro con esta muestra de vida en el erial de España que es el movimiento #15M (día en el que, irónicamente, estaba en el extranjero y no me enteré de su convocatoria). Y que queréis que os diga. Estoy encantado, alucinado y esperanzado. No sé dónde acabará esta corriente de aire fresco. Quizás en nada, en un brindis al sol. O quien sabe, quizás alguien en posesión del verdadero poder (obviamente no los políticos) sea tan perspicaz para darse cuenta que al pajarillo (nosotros) no hay que apretarle ni demasiado para aplastarlo ni tan escasamente como para dejarlo escapar.
Por los que se dedican a la política, no concibo esperanza. Hace un par de días, en una entrada de Facebook, dos candidatas a concejal (una de ellas, a parlamentario) de mi pueblo se preguntaban (cito de memoria) por qué éstos de la Plaza del Sol se quejaban, si ya teníamos democracia. Que habría que verlos en un país del Magreb. Que votaran o formaran un partido político y se dejaran de zarandajas. Añadían: éstos están de acampada como podrían estar de picnic disfrazados de exploradores.
Y zas, no pude evitarlo. Toda mi carga de Saramagos, Torres, Attac o Inside Jobs me rebosó desde las entrañas y les solté cuatro (muy educadas, respetuosas y contenidas, eso sí) argumentaciones. En fin, una de ellas puede ser, en apenas un mes, mi próximo jefe.
Pero lo triste de todo esto es ver que el político clásico no se entera. Sigue analizando la realidad desde una perspectiva un poco miope y anticuada y con una calculadora de votos. O puede ser que vivan en una realidad paralela de mítines unívocos, que son lo más alejado que existe del diálogo y del intercambio de opiniones que se desparraman por la Puerta del Sol.
No lo sé. El caso es que, como no reaccionen, se despertarán preguntándose: “¿quién se ha comido mi queso?”
P.D. Un Sugus para el que acierte por qué partido se presentan las Candidatas.